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Your dying Heart by Adrian von Ziegler on Grooveshark

viernes, 2 de agosto de 2013

Tiziano Vecellio (1477- 1576) - Isabel I de Portugal. Esposa de Carlos I de España y V de Alemania. Oleo sobre lienzo. Museo del Prado.

Tiziano Vecellio  (1477- 1576) - Imagen ya retocada de la emperatriz Isabel I de Portugal. Esposa de Carlos I de España y V de Alemania. Oleo sobre lienzo. Museo del Prado.

Retrato póstumo que tuvo que realizar basándose únicamente en un camafeo de autor desconocido y la información facilitada por los que conocieron a Isabel en la corte. Esa fue su única inspiración, puesto que el pintor nunca la conoció en vida.
Tiziano lo entregó al emperador en 1545, siendo llamado a los tres años en 1548, por el propio Emperador para un nuevo encargo imperial, el cual era el famoso cuadro: "Carlos V a caballo en Mühlberg", una de las obras cumbres de su carrera y que representa al Emperador y su montura a orillas del Elba, victorioso tras la batalla que libró contra las tropas protestantes de la Liga de Esmalcalda.
No obstante y para sorpresa de Tiziano, le ordenó retocar el cuadro de su difunta esposa, pues el cuadro no acabó de gustar al emperador, pues habia plasmado el rostro con la nariz un poc Aguileña, no siendo de su agrado el amado rostro que él recordaba.
Se sabe que Tiziano reutilizó un lienzo usado, ya que a través de análisis por radiografía se ha podido entrever tras las capas de pintura el perfil de una figura femenina. Tiziano terminó el cuadro con grandes dificultades por los problemas que os he expuesto antes y lo presentó finalmente en la Corte en 1545, pero por desgracia como os he comentado no gustó al Emperador.
Así que se puso manos a la obra y el resultado fue esta increible imagen que os pongo a continuación. Uno de los retratos más conmovedores, bellos y dignos de admiración de todo el Quinientos europeo. La Emperatriz se encuentra sentada y sostiene un libro abierto en su mano izquierda, quizá un misal o libro de oraciones. La emperatriz se encuentra mirando al frente con expresión dulce y verdaderamente humana, Tiziano la plasmó casi virginal, la postura erguida y envuelta en un lujoso vestido, mientras tras ella se muestra un paisaje desde unos grandes ventanales.
La obra acompañó al emperador hasta el final de sus días. Pues está documentado que el retrato de la Emperatriz fue una de las pocas pertenencias de las que no quiso desprenderse tras su renuncia al Imperio, agotado, prematuramente envejecido y enfermo de gota, y que lo siguió a su retiro definitivo en el monasterio extremeño de Yuste, donde moriría el 21 de septiembre de 1558.

Imagen final después de retocarla.

Imagen primera que no fue del gusto del Emperador.



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